Algunos Recuerdos de las Navidades Pasadas

A medida que el inexorable paso del tiempo transcurre, los recuerdos se tornan una grata compañía.
 
Por tanto, recordemos mientras podamos hacerlo, ya que en muchas ocasiones el peso de los años y del tiempo vivido en medio de una sociedad competitiva y voráz, más la intima soledad del adulto mayor, terminan por quitarnos incluso los recuerdos.
 
Muchas personas mayores son incluso incapaces de reconocer a sus seres queridos más cercanos, por lo cual, recordar es un privilegio.
 
Ya sea que celebres la Fiesta de las Luces frente a la Menorá de Janucá… o el nacimiento de Jesús junto al Pesebre bajo tu Arbol de Navidad… tras el Solsticio, todos celebramos el milagro de la Luz, de la Vida, la Cosecha.
 
Y ya sea que des el Janucá Guelt o regales los presentes bajo el Arbol de Navidad, la idea en tiempo de cosecha, es similar: Dar, regalar, compartir la Vida, celebrar Milagros de Amor.
 
Te deseo, entonces, en estos días maravillosos de Luz que se aproxíman, que celebres con Alegría y Felicidad y que tras estas festividades, tus días estén plenos de Afectos y puedas sembrar la Paz; que en tu caminar, siempre te acompañen, en tus pensamientos, en tu corazón y en tus manos, la Esperanza, la Caridad y la Bondad hacia el prójimo.
 
Una vez más, celebraremos la Nochebuena y luego la Navidad, alegre circunstancia para el mundo.
 
Se conmemora el Nacimiento del último de los Reformadores Morales de la historia de la humanidad, Jesús.
 
Le antecedieron entre otros, grandes iniciados de la humanidad, cómo Rama, Krishna, Hermes, Moisés, Orfeo, Pitágoras y Platón.
 
Sus profundos mensajes de:
 
«Amaos los unos a los otros«…,
«Procede con los demás cómo te gustaria que procediesen contigo mismo«,
aquel que nos enseñase que por medio del Amor puede llegarse a la práctica de la virtúd de la Caridad Activa, en medio de un mundo violento y fratricida, inspiran a muchos aún hoy.
 
Es el eje central de esta celebración en que conmemoramos y exaltamos el «Amor al Prójimo» y el «Dar sin esperar recompensas«.
 
Por supuesto, a lo largo de la historia estos conceptos fueron encarnados por otros seguidores de Jesús, que practicaron muy activamente el amor al prójimo, especialmente hacia los niños, como fue el caso del sacerdote que vivió en el Siglo IV, Nicolás de Mira, Obispo conocido tambien como San Nicolás de Bari porque cuando los musulmanes conquistaron Anatolia, un grupo de cristianos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia, las cuales se encuentran hasta hoy en la Catedral de Bari.
 
Se le conoció también porque su nombre es notable también fuera del mundo cristiano porque su figura ha dado origen al personaje de Santa Claus (del alemán Sankt Niklaus), conocido también como Papá Noel.
 
ALGUNOS VAGOS RECUERDOS
Corrían la ultima mitad de la décda de los años 50′ y aforan los recuerdos de mi niñez.
 
Viviamos mi familia compuesta por mis padres y mi hermano menor, Bernardo, en un agradable y muy cómodo hogar en San Miguel, Santiago de Chile.
 
Además de apoteósicos cumpleaños, la Navidad y el Año Nuevo, eran a no dudarlo las festividades más esperadas y celebradas.
 
Todo se preparaba especialmente y con mucho esmero en casa.
 
La tradición de un muy decorado Árbol de Navidad, siempre estuvo muy presente, tanto así que en el patio trasero del hogar, mi querido papá plantó un Pino Alemán, una rara especie de abeto de no más de 2 mt. de altura que en las noches al recibir cualquier atisbo de luz, sus hojas mostraban un color blanquecino muy hermoso.
 
Ese pino natural, fue durante mi niñez el más hermoso Arbol de Navidad que conocí.
 
Algunos meses antes de Navidad, todos los años, mi papá solía entregarnos a mi hermano y a mi un par de catálogos de juguetes en idiomas alemán e inglés y nos pedía: «marquen con lápices de colores los juguetes que más les gusten y que quieran recibir para Navidad«.
 
Así de simple, debiamos seleccionar y marcar.
 
Al llegar la Navidád, los trenes electricos, aeromodelos, juguetes motorizados, grabadoras de sonidos y un largo etcétera, siempre estuvieron a los pies de nuestro arbol de navidad en la tan esperada celebración.
 
Papá se preocupaba de que todo luciera fantástico, su bello Arbol de Navidad ultra decorado e incluso recuerdo que el le pidió a un electricista que trabajaba para el, que diseñara una guirnalda con ampolletas de colores para decorar el amplio pátio donde llegarían los regalos y la celebración.
 
Por su parte, mamá ordenaba al cocinero (el «abuelo» Humberto como le llamabamos cariñosamente) y a las empleadas de la casa (Julia y Carmela) que se prepararan platos especiales para tales celebraciones, entre los que destacaba el «Pescado a la Romana» de un exquisito sabor dulzón y por supuesto el más delicioso postre que mi paladar infantil probara: el «Encaje Inglés«. Toda una maravilla de sabor.
 
Para mis padres, estas fiestas eran un «compartir«, no sólo en familia, sino ademas con familias amigas y algunos vecinos de nuestro barrio, quienes siempre estaban invitados a la celebración.
 
Aqui entraba el «Pan de Pascua» con la receta tradicional de mis abuelos, cuya preparación era personalmente vigilada e intervenida por mamá.
 
Recuerdo que le pedía a mi tío Enrique Amadori, que le enviara una caja de «Margarina Banda Azul» que el tío fabricaba en su industria «Coprona».
 
Pedía también a papá le trajese fruta confitada de la marca «Serrano» y una botella de cogñac «Napoleón», ambos elementos fundamentales que se agregaban a su receta familiar de su delicioso e incomparable «Pan de Pascua».
 
Se elaboraban en la cocina varias decenas de Panes, los cuales eran luego regalados en Navidad a familiares, amigos y vecinos.
 
Hasta hoy no encontré una preparación de «Pan de Pascua» igual de delicioso.
 
Un par de meses antes, mamá pedia que le mandaran un par de chuicos de vino de nuestras viñas y unos cuantos pavos desde su fundo en Quirihue, los cuales Carmela alimentaba profusamente para que estuviesen bien gorditos antes de faenarlos para la Navidad y el Año Nuevo.
 
Año tras año, estos rituales de Navidad se cumplieron hasta nuestra juventud, cuando tanto mi hermano y yo ya eramos adultos y fallece nuestro padre.
 
Luego, cada uno contrae matrimonio y forma su propia familia.
 
Sin embargo, mamá me pidió que mantuviesemos tal tradición y que cada año reuniesemos a la familia en el amplio hogar familiar para celebrar Navidad y Año Nuevo.
 
Como se secara nuestro tradicional pino, recuerdo que compré en la tienda Sears de New York (a fines de los años 70′) un enorme y hermoso árbol de navidad sintético y una serie de adornos navideños para continuar estas celebraciones con nuestras hijas y familiares.
 
Y así fue. Durante muchos años en estas fechas, nos reuniamos a celebrar del mismo modo con nuestra madre, esposas, hijos y sobrinos, se sumaron tambien, suegros y cuñados con sus familias, cási hasta el fallecimiento de nuestra madre, luego de lo cual la familia se dispersa.
 
Era una mesa con cerca de 24 personas.
 
En nuestro actual hogar, en las cercanías de la ciudad de Santiago, ya más de un modo nuclear, igualmente celebramos la Nochebuena y la Navidad y recordamos a quienes ya no están, con quienes compartimos, a los que ya partieron ó a los indiferentes y olvidadizos  y que tantas alegrías nos dieron.
 
Lección: comparte el Amor, la Paz, la Tranquilidad, las sonrisas de los niños y la Armonía familiar mientras puedas, porque la vida cambia, las personas también y nadie es eterno.
 
¡ FELÍZ NAVIDAD y VENTUROSO AÑO NUEVO A TODOS !….
 
 

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