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Caminando... taciturno y errante por las orillas de la mar, con energía
ausente
y exigua vitalidad. Me detengo a descansar... atisbando el lejano horizonte
y las impetuosas olas... Suave como agua... con la fuerza indomable de
la mar... humedeces mis secas y esteriles arenas... y me vuelvo a
enamorar. Bajo los tórridos rayos del ardiente Sol, tras un
agitado respirar, retorno sobre mis cansados pasos. De cara al viento,
lento como el agua... agitado cómo el mar. Zapallar, Febrero,
2011 |