Mágico Retrato

 

Aquella suave mañana de verano,
en Coelemu...
con su viento tímido y su olor a campo,
a fuego se grabó,
en mi mente de niño,
cómo un desayuno especial... singular,
que en el inmenso salón comedor,
en la casa de mi abuela Berta...
mi padre me pudo brindar.

El me tomó de la mano...

y por el antiguo corredor
caminamos hacia el salón.

Mis ojos se iluminaron mientras entraba,
cuando en sus blancos muros de adobes ví,
que un bello y antiguo retrato
de una esplendorosa dama,
allí colgaba.

¡ Que linda!.... ¿ Quien es?...

sin tardar a mi padre pregunté.

"Es tu abuelita Berta, más joven" susurró...

Sorprendido con su hermosura,
sentado a la mesa sobre una silla enjuncada,
de la cual mis infantiles piernas colgaban,
lentamente saboree
aquellos exquisitos y frescos
huevos a la copa,
que de pequeño papá me preparaba.

Me veía insignificante, minusculo,
a la cabecera de aquella
larga y añosa mesa,
mientras el retrato octogonal
de mi abuela comtemplaba y
su mirar me cautivaba.

Por aquellos dias...
mi abuela Berta ya era anciana,
de carita arrugada,
con sus dulces ojos
lucía sus canas.

Con amable sonrisa, un abrazo...
y su bastón en la mano,
con un beso en los labios
me recibía cada verano,
al llegar a su morada y acariciar
sus añosas manos.

Su magnífico retrato...
de mujer en plenitúd,
quedo grabado en mi infantil mente,
como sutíl imágen,
de su belleza viviente.

Mi abuela disfrutaba en su casona
de su largo corredor de piso enladrillado...
de las enormes Hortensias floridas
que en su jardín regaba cada día,
y de el largo delantal
que a la cintura lucía.

Cuando ella enfermó tan grave,
hasta sus risueños ojos cerrar,
en sus últimos días,
le pude acompañar.

¡ Nunca ví en mi vida un velatorio igual !...
tan largo... y tanta gente de aquel pueblo
sintiendo su final.

El día de su funeral quedé impresionado
con su carroza de grandes
ventanales y maderas lustrosas,
tirada por dos caballos,
tras la cual caminé,
con mis tristes pasos de niño...
hasta el cementerio aquel.

Con el devenir del tiempo...
y mis enfermedades de compañía,
mi vida siguió su curso...
con sus penas y alegrías.

De joven me enamoré de una sonrisa...
fuí padre y abuelo...
los regalos de la vida llegaron sin prisa.

Durante mucho tiempo...
desde joven busqué,
en cada rincón de la casa paterna encontrar
ese viejo retrato...
que a mi abuela
me hacía recordar...
más nunca lo logré.

Sin embargo,
en una fría y solitaria noche invernal...
tras la partida de mi madre...
¡ cual sorpresa me llevé !...
al descubrir entre los maternos recuerdos...
encerrado en una caja atesorada,
aquel increible retrato...
que de niño tanto amé.

Mayor impresión recibí...
al descubrir en el dorso
del retrato aquel...
de puño y letra de mi abuela amada...
hacía ya 51 años para mí,
su dedicatoria rubricada.

¡ Que maravillosas sorpresas nos regala la vida!...
cuando menos lo esperaba...
su mágico retrato,
aquel que tanto busqué...
como obsequio y tesoro volvió a mi...
cuando menos lo soñaba.

 

N.Q.C.
Noviembre 5, 2010